Rondaba el siglo XIV cuando morí, yo era un buen hombre en aquellos tiempos, pero llego a mi, algo insospechado.
Fue una noche que tuve que ir a un pueblo cercano para recoger provisiones, iba por un bosque y vi a lo lejos una estela de humo. Me acerque a ver lo que era, tenia curiosidad ya que no era normal encontrar una a estas horas de la noche. Allí en un claro, lo vi, una silueta a contraluz del fuego. Había formado una gran hoguera justo en el centro para que así no tocara ningún árbol. Me acerque a el para preguntarle que estaba haciendo, pero al darse la vuelta pegue un brinco de puro horror, su piel parecía mármol pulido, apenas se notaba ninguna arruga en su cara y sus ojos despedían un brillo translucido que asustaban.
-Por fin has llegado- me dijo.
-¿Por fin? ¿Es que me estabas esperando?- le dije sorprendido.
-llevo esperándote desde hace siglos- y tras decir esto apareció justo delante de mi aunque su cuerpo no se había movido. Yo me eche hacia atrás de puro espanto.
-¿Qué demonios eres?- le grite.
-Lo que tú serás- me dijo y tras esto se abalanzo sobre mí, me cogió con fuerza y me mordió en el cuello. Por algún motivo me quede completamente paralizado y empecé a escuchar un bombo en mi alma. Sonaba cada vez más fuerte y me sentía tan embriagado que no deseaba que parase. Me soltó y me desplome en el suelo, pero no sentí ningún dolor, solo me sentía muy mareado y aturdido, casi no podía moverme.
Entonces lo vi morderse su muñeca y acercarla a mí mientras decía:
-Toma, este es mi cáliz, el cáliz de la vida eterna, con el serás igual de fuerte que diez hombres y vivirás eternamente. Bebe y continua mi legado, por que a mi ya me ha llegado la hora-y mientras terminaba de decir esto, me puso la muñeca en la boca.
Al sentir su sangre en mi lengua, empecé a desearla como un demonio y comencé a beber. Un éxtasis armonioso traspaso todo mi cuerpo, sentí flotar y desvanecerme para luego volver a formarme y endurecerme. Todo mi cuerpo bombeaba al ritmo del deseado tambor que volvía a resonar en mi cuerpo mucho más fuerte que antes, pero empezó a desvanecerse y yo no quería, así que bebí con más fuerza, me intente aferrar a mi fuente hasta que me la arrebataron. El ser se echo hacia atrás mareado y confundido hasta que giro la cabeza hacia la hoguera, entonces me miro y me dijo:
-Sigue la senda del diablo por la oscuridad, no te acerques a la luz del sol ni al fuego por que sino morirás. Bebe de tus victimas para sobrevivir y oculta tu condición diabólica por que sino te mataran. Busca refugio para el día, un refugio en el que ningún humano pueda entrar. Adiós hijo mío- y tras terminar de decir esto se abalanzo sobre las llamas. Vi como empezó a arder y como su cuerpo se retorcía de dolor de una manera humanamente imposible, se doblaba y quebraba, y yo sin saber porque empecé a llorar. […]
Fui a una fiesta diplomática al castillo del reino. Estaba charlando animadamente con algunos de los burgueses más importantes y de repente vi algo que me sobrecogió. Era una chica joven, de pelo castaño oscuro y ojos color canela. Iba con un hombre mayor que al parecer era su padre, lo reconocí enseguida, era el propietario de la mayor parte de las tierras de la región y el brazo derecho del rey. Se acerco a nosotros y nos saludo muy educadamente. Se dirigió a mí con la mirada extrañada ya que no me conocía y se me presento con el orgullo diplomático que lo caracterizaba. Al verme joven se le ocurrió la idea de que me quedara con su hija así que me la presento, se llamaba Larisa y estuve casi toda la noche con ella. Era una chica encantadora. Nos fuimos un rato solos al balcón que había cerca del salón principal y allí cambio bastante, dejo de ser educada y se volvió mucho mas extrovertida y dinámica. Su forma de expresarse se volvió muy gestual, era muy graciosa. Me comento que este tipo de fiestas la aburrían mucho.
Estuvimos viéndonos varias veces, siempre de noche ya que no podía estar a la luz del día, siempre le ponía la excusa de que tenía muchos asuntos importantes que tratar. Me comentaba sus problemas con su padre, ya que el quería que se casara con algún hijo de una familia rica y poderosa, pero a ella no le gustaba ninguno de ellos, creía fielmente en el amor. Yo, ya la tenía como si fuera mi hija.
Se me paso por la cabeza que podría ser una perfecta compañera en el viaje por la senda oscura, pero no quería hacerle daño, no quería que sufriera. Pero una noche me decidí y lo hice. Ella iba de camino a casa en un carruaje, lo asalte con la fuerza de una bestia, la agarre y me la lleve de allí. Cuando vio que era yo, se quedo bastante extrañada.
-¿Como has hecho eso?- me pregunto
-Larisa, no soy humano aunque lo parezca, soy una criatura de la noche. No puedo salir por el día ya que si no moriría, pero puedo vivir eternamente. Larisa te propongo que vengas conmigo que seas mi compañera de viaje por esta senda de maravillas. Podrás ver el mundo como nunca lo has soñado, podrás escapar de tu padre y ser libre, viajar, convertir tus sueños en realidad. Que me dices hija mía ¿vendrías conmigo?-
-si- me dijo embriagada por mis palabras
Entonces me acerque a ella, la agarre suavemente por le cuello y le hinqué mis colmillos. Su sangre empezó a salir a borbotones y un éxtasis mucho más fuerte que otras veces rasgo todos mis sentidos, grite pero no apareció ningún sonido. Pude ver todos sus seres queridos y me vi a mi como aquel padre que nunca tuvo. Al terminar su cuerpo quedo inmóvil en el suelo, yo me rasgué mi muñeca y se la puse en la boca, ella empezó a beber y mi cuerpo se petrifico como una estatua, un dolor agudo lo recorrió de pies a cabeza y sentí de nuevo esos tambores, pero tuve que pararlo, sentí como mi vida se iba y entonces me eche hacia atrás tembloroso y aturdido. Ya esta, lo he hecho.
Cuando la vi levantarse era totalmente diferente, su cuerpo era mucho mas pálido que antes, ya no se apreciaba ninguna arruga y su pelo parecían hilos cristalinos a la luz de la luna. Sus ojos translucidos me dejaron anonadado. Era perfecta. […]
Larisa me dijo que quería irse una temporada a ver el mundo ella sola. La comprendía, era hora de que viera el mundo en la soledad así que le desee suerte en su viaje. Cogió un carruaje y se fue.
En este tiempo en que ella no estaba conocí un muchacho que se llamaba Melmoth, un músico al que le pedí que viniera a mi hogar para que tocara para mí. Las melodías que soltaba por su guitarra eran magnificas. Además era un chico muy listo, ya empezó a sospechar desde un principio en que había algo raro en mi vida. Eso de que solo pudiera venir por la noche, de que nunca me había visto a la luz del día. Ya sospechaba.
Pasaron varios meses, y una noche me pregunto algo que me desconcertó.
-¿Eres un vampiro?- me dijo con una seguridad incomprensible.
-¿Por qué me preguntas eso?- le dije para disimular.
-Es que, tu vida es igual que la de ellos, vives por la noche, nunca te he visto a la luz del sol. Tu piel… es más pálida de lo normal, y no me creo eso de que eres de Europa del norte ya que tu acento no proviene de allí. Dime la verdad por favor.
Entonces se lo conté, le conté todo, como era mi vida y lo que hacia, el se sintió extasiado a cada palabra que pronunciaba y entonces me lo pidió.
-Hazme tu compañero, por favor-
-No, no puedo hacerlo, no sabes lo que es esto- le dije intentando alejarlo de esa idea pero no lo conseguí.
-por favor, concédeme el don- me suplico.
-Esta bien, amigo mió- y tras esto me acerque a el, y lo convertí. Pero lo vi raro, no se pareció en nada a cuando transforme a Larisa, fue distinto. El estaba distinto.
Empezó a cazar como un maniático, nunca estaba saciado, siempre quería más y más. Me costo mucho enseñarle como cazar sin llamar la atención, pero es que el mayor problema era ese, que el quería llamar la atención. Le intente explicar que la gente no podía saber quienes éramos, por que si lo descubrían nos darían caza y eso no podíamos permitir que ocurriera. Pero el no opinaba igual, decía que con nuestra fuerza podíamos hacer lo que quisiéramos, que ellos no podrían detenernos.
Una noche lo pille cazando delante de todo el mundo, la gente corría aullando “vampiro” por todos lados. Yo me abalance contra el como nunca me había abalanzado ante nadie. Lo agarre y lo lancé con todas mis fuerzas hacia el bosque. Salte también con todas mis fuerzas para poder llegar allí. Nunca supe como lo hice pero lo conseguí. Cuando lo alcancé le grite de todo, estaba arto de su incompetencia, así que lo desterré, le dije que se fuera lejos de aquí, que no quería verlo cerca nuestra, que si volvía lo mataría.
Se fue en ese mismo momento, no tengo ni idea de a donde se dirigió, pero tampoco me importaba, seguro que si seguía así moriría al poco tiempo en manos de algún mortal, o de algún otro vampiro.
Larisa llego poco tiempo después, y no le comente nada de lo sucedido. Me sentía avergonzado y no quería que lo supiera por ahora. […]
Fuimos a visitar Italia y cuando estaba dando una vuelta para ver la ciudad vinieron a mí unos recuerdos, recordé a mi querido Melmoth. Y lo senti. Estaba en el cementerio, pero no se parecía en nada a lo que era. Estaba lleno de harapos y prácticamente putrefacto, vi que solo se alimentaba de alimañas y cuando se acercaba algún humano salía corriendo despavorido. Supongo que la gente lo veía como un vagabundo más de los que rondan por la ciudad. Me apiadé de el, así que me acerque. El, nada mas notarme se horrorizo, salio corriendo y se encogió de rodillas han lado de una cripta con una estatua de ángel posando sobre ella. Yo me acerque, le tendí mi mano y le dije:
-Ven conmigo, hijo mió-
Así fue como volvimos a estar juntos, cuando se lo presente a Larisa, le conté toda la historia y me perdono por no habérsela contado antes, me comprendió. Estuvimos cuidándolo hasta que se recupero del todo, y se volvió el mejor compañero de Larisa que podía haber encontrado. Ya no se parecía en nada al loco que creé, era totalmente diferente. Creo que llore al verlos juntos, eran mis hijos.